[Listavoz] Dos articulos de Alfredo Cepero.
La Voz de Cuba Libre
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Mon Feb 15 23:16:55 EST 2010
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LOS APATRIDAS
Por Alfredo M. Cepero .
Esta mañana nos despertamos con la noticia de que los titiriteros de La Habana han montado un nuevo circo con sus títeres traídos desde el exterior. El circo ha sido bautizado esta vez con el nombre rimbombante y falacioso de “Encuentro de Cubanos Residentes en el Exterior contra el Bloqueo en Defensa de la Soberanía Nacional”. No hay palabra en este título kilométrico que no este sujeta a impugnación por la propia conducta de los anfitriones y de sus invitados.
No es un “encuentro” sino una claudicación, quienes participan no son cubanos, el tal “bloqueo” es desmentido por los 700 millones de dólares que Cuba compra anualmente en los Estados Unidos y defender la “soberanía” de Cuba es como tratar de restaurar la virginidad a una dama cuyos atractivos fueron negociados en múltiples ocasiones como moneda de cambio. Utilizada para garantizar protección y obtener prebendas primero de Moscú y después de Caracas. Unicamente unos mentirosos consuetudinarios, consumados e incorregibles como la gentuza que gobierna en Cuba se atreverían a bautizar esta farsa con este nombre.
En cuanto al gentilicio de los participantes afirmamos categóricamente que no son cubanos. Los que están en Cuba porque la represión y el odio desatados contra sus propios hermanos los ha despojado del derecho a llamarse cubanos. Los que viajaron desde el exterior porque quienes hacen causa común con los verdugos de su propio pueblo pierden todos sus derechos, comenzando por el de identificarse como cubanos.
La esencia y la naturaleza de estos miserables la encontramos en un vocablo que nos llega desde la antigua Grecia, donde se calificaba de apátridas a quienes ya fuera por castigo o por su propia conducta ingresaban en las filas de los hombres sin patria. La lista de quienes se han prestado a esta ignominia debe ser exhibida en un Salón de la Infamia del museo donde en un futuro sean mostrados los crímenes perpetrados por la tiranía en este medio siglo de barbarie y dolor.
Este sería el mejor antídoto para inocular nuestra democracia futura contra la prepotencia de los tiranos y las argucias de los demagogos. Y para mayor seguridad, sería una gran medida erradicar la palabra “revolución” de nuestro diccionario político y eliminar el tamaño de los genitales como calificación para acceder al poder.
Y cuando entramos en este tema tan sensible e intenso de la patria, que llega al nivel de dolor en el corazón del exiliado, nuestra imaginación recorre experiencias y lecturas que nos han impactado en el camino ya largo de nuestra existencia. Asistimos de nuevo al lecho de muerte de compatriotas como Angel Aparicio Laurencio, Augusto Maxwell y Sila Cuervo Castillo cuyo mayor sufrimiento a la hora del “hasta luego” no era la dolencia por la cual fallecían sino el hecho de no haber podido ser testigos de la libertad de la patria.
Nos vamos entonces a la Venezuela de los buenos donde un Andrés Eloy Blanco decía ante el congreso de su país: “Si la madre da pañal la patria da bandera”. Nos detenemos frente al Niágara donde la lira de nuestro José María Heredia se hace escuchar por encima del torrente avasallador cuando dice: “¡Oh las palmas, las palmas de mi patria!”. Y entramos en el puerto de La Habana del brazo de nuestro compatriota y coterráneo Bonifacio Byrne cuando se refiere a nuestra bandera diciendo: “Orgullosa lució en la pelea/sin pueril ni romántico alarde/y al cubano que en ella no crea/se le debe azotar por cobarde.” ¡Que justicia tan ejemplar habría aplicado Bonifacio Byrne a estos alabarderos de la tiranía!
Pero dejemos que sea el más patriota de nuestros patriotas quien imponga sentencia a estos apóstatas. En este aniversario de su natalicio José Martí les habría dicho: “A la mesa del castigador no puede sentarse con honra, sino sin honra, ningún hermano del castigado”. Si contamos los muertos, presos y exiliados los castigados alcanza cifras millonarias en este medio siglo. En el momento de escribir estas líneas nos llegan informes desde Cuba del recrudecimiento de la represión y de los centenares de presos que, junto a sus familiares, son una llaga grotesca y sangrante en el corazón de la patria.
Tan repulsiva es la conducta de estos reptiles sin honor ni patria que el romántico sublime de “La Niña de Guatemala” y el padre amoroso de “Ismaelillo” los habría crucificado con el lenguaje que reservaba para los traidores. El mártir de Dos Ríos les habría dicho: “Mientras un pueblo no tenga conquistados sus derechos, el hijo suyo que pisa en son de fiesta la casa de los que se lo conculcan, es enemigo de su pueblo”. Ante ese pueblo responderán un día por sus fechorías quienes a la hora del sacrificio optaron por el oportunismo y prolongaron la noche de la tiranía.
Miami, 28 de enero del 2010.
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BARQUIN: EL CIUDADANO SOLDADO
Por Alfredo M. Cepero .
El Coronel Ramón Barquín y López falleció el año pasado en su patria adoptiva de Puerto Rico pero nunca dejó de amar y servir a su añorada Cuba. Y aún desde la tumba la sigue sirviendo a través de su libro “Mis Diálogos con Fidel, Raúl, Camilo y el Che”. Una narración analítica y certera sobre la forma de pensar y actuar de los principales actores de la tragedia de medio siglo que ha devastado física y moralmente a la nación cubana. El libro puede ser adquirido en la Librería Universal, en Miami, o a través de Amazon.com .
Conocí a Ramón Barquín a principios de 1961 en Miami cuando el coronel se desempeñaba como jefe militar del Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP) que dirigía el Ingeniero Manolo Ray. La organización mantenía un campo de entrenamiento militar en el pueblo de Naranja, cerca de Homestead, en la Florida y allá fuimos a parar Luís Posada y yo que, a la sazón, compartíamos un cuartucho en el desaparecido Hotel Columbia de la ciudad de Miami.
En el campamento nos congregamos un abigarrado destacamento de abogados como Jorge Beruff y Sila Cuervo, militares rebeldes como Pepe Perez Alamo y Pepe El Toro, estudiantes como Augusto Maxwell y Ramón Barquín hijo, y campesinos como “El Guajiro Hilario”, de quién nunca llegue a saber el apellido. Así fue como, unidos por el amor a Cuba y por nuestro propósito de contribuir a su libertad, nos integramos mas tarde a la Brigada 2506.
Desde un principio Barquín me inspiró simpatía, confianza y respeto. Su hablar pausado, ademanes modestos y habilidad para escuchar a los demás lo sacaban completamente del estereotipo generalizado sobre los militares. Parecía más bien un diplomático que un militar. No en balde su carrera dio un giro inesperado y lo sacó del cuartel para llevarlo a lo más altos niveles de la diplomacia como Agregado Militar de Cuba en Washington y como Vice-director del Estado Mayor Conjunto de la Junta Interamericana de Defensa, durante el gobierno de Carlos Prío Socarras.
Cuando se produjo el fatídico golpe de estado del 10 de marzo Barquín se encontraba en Washington y se propuso renunciar a su cargo pero fue convencido por sus amigos de que, dentro del ejército, podría ser más útil a la restauración de la democracia en Cuba. En esa labor fue descubierto el 3 de abril de 1956 en un intento de derrocar la dictadura de Fulgencio Batista que pasó a nuestra historia con el nombre de “Conspiración de los Puros”. Y puros, dignos y patrióticos fueron los esfuerzos de Barquín y una docena de oficiales que se le sumaron a lo que bien podríamos considerar como una versión adelantada de los acontecimientos que tuvieron lugar recientemente en Honduras. El caso insólito en nuestro continente de militares arriesgando la vida no para llenar sus bolsillos sino para servir a su pueblo.
En el curso de su organización de la asonada militar Barquín y sus compañeros suscribieron un documento que pudo haber sido escrito por patriotas de la estatura moral de Carlos Manuel de Céspedes o Ignacio Agramonte. Después de estipular que su objetivo era formar un gobierno integrado por personalidades civiles y convocar a elecciones en el breve plazo de seis meses, los complotados se comprometieron a no aspirar a posiciones electivas y a presentar la renuncia de sus cargos en las fuerzas armadas. Para desgracia del pueblo cubano la conspiración fue delatada por uno de los participantes y los “puros” fueron a dar a las celdas inmundas de la Cárcel de Isla de Pinos donde cumplieron dos años y medio de privación de libertad.
Avanzada la tarde del primero de enero, después de la fuga del dictador, Barquín se presentó en el Campamento Militar de Columbia con el objetivo de mantener el orden y prevenir baños de sangre. Sus palabras recriminatorias al General Eulogio Cantillo merecen ser citadas: “Entiendo que ustedes, los coroneles y generales, tenían que haber derrotado a los guerrilleros fidelistas en nombre del gobierno dictatorial que sostenían, o haber derrocado al dictador en nombre del pueblo que se lo pedía; pero, desgraciadamente no hicieron ni lo uno ni lo otro, sino lo peor: proteger la fuga de Batista”
En ese mismo momento, el dictador sucesor, todavía en Santiago de Cuba, ignoraba las llamadas de Barquín desde la Habana para coordinar las actividades encaminadas a una transición sin violencia. Castro, como sabemos, estaba mas interesado en la consolidación de su poder absoluto que en la paz para el pueblo de Cuba. Por el contrario, declara una huelga general y manda a toda velocidad a Camilo y al Che a tomar Columbia y la Cabaña respectivamente. Ante el hecho consumado, de un Tribunal Supremo que había reconocido a Urrutia como Presidente, la euforia de un pueblo enamorado del “ídolo” y la posibilidad de más derramamientos de sangre, Barquín entrega el mando a Camilo quien había sido nombrado Jefe del Ejército por el nuevo presidente de Cuba.
A partir de ese momento, se inician una serie de entrevistas y conversaciones de Barquín con los personajes que aparecen en el título de su libro. Aunque siempre se negó a caer en la trampa de ser nombrado Ministro de Defensa, Barquín puso sus conocimientos al servicio de los líderes de la revolución, principalmente Camilo, en los primeros meses del proceso revolucionario. Sin dudas, con la esperanza de amortiguar el impacto sobre el pueblo de Cuba de la ignorancia, la improvisación y la maldad de los nuevos sátrapas.
Y cuando fue obligado a optar entre aceptar una cartera en el gabinete o salir de Cuba Barquín aceptó un cargo diplomático con objeto de sumarse a los esfuerzos que ya se realizaban en el exterior para liberar a Cuba de su nueva dictadura. Sin dudas tenía presente un encuentro con Fidel donde el tirano le dijo: “Con usted hay que tener mucho cuidado, porque lo van a tratar de utilizar de cabeza de la contrarrevolución”. Sus relaciones con estos delincuentes pueden ser sintetizadas diciendo que mostró cautela ante Fidel, recelo ante Raúl, desprecio hacia Guevara y una cierta simpatía hacia Camilo, a quien Barquín consideró una víctima de su ignorancia y de su admiración por Fidel Castro.
Todavía desde su tumba este cubano ejemplar nos muestra el camino hacia la creación de una nación donde cada ciudadano asuma la responsabilidad de defender la democracia sin las muletas de falsos líderes. En este sentido, nos dice: “La historia no absolverá a Fidel, pero tenemos que ver como construimos una Cuba nueva donde nunca pueda volver a surgir otro Fidel”. Y describe el papel del ejercito en una democracia diciendo: “Sigo siendo un fervoroso creyente en que las Fuerzas Armadas de una nación tienen que responder y ser obedientes al poder civil que es representativo de la voluntad popular”.
Los méritos y la capacidad del Coronel Barquín como militar quedan demostrados por una trayectoria que comenzó como soldado y ascendió a cabo, sargento y oficial por estudios y méritos propios. Pero por muchos que estos sean, las cualidades morales y cívicas de Ramón Barquín son muy superiores y hacen del militar un ciudadano soldado. Un ciudadano que obedece la constitución, defiende el estado de derechos y pone sus armas al servicio de la democracia. En fin, un ejemplo para enseñarle a nuestras futuras generaciones de militares cubanos que, como dije hace algún tiempo en uno de mis versos, “Hace falta soldados/en la mano el fusil/ y en la mente el concepto de respecto al civil/ hace falta el concepto de ser buen ciudadano/el respeto a la ley y a su guarda el soldado”.
Miami, Florida2-16-2010.
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LOS APATRIDAS
Por Alfredo M. Cepero .
Esta mañana nos despertamos con la noticia de que los titiriteros de La Habana han montado un nuevo circo con sus títeres traídos desde el exterior. El circo ha sido bautizado esta vez con el nombre rimbombante y falacioso de “Encuentro de Cubanos Residentes en el Exterior contra el Bloqueo en Defensa de la Soberanía Nacional”. No hay palabra en este título kilométrico que no este sujeta a impugnación por la propia conducta de los anfitriones y de sus invitados.
No es un “encuentro” sino una claudicación, quienes participan no son cubanos, el tal “bloqueo” es desmentido por los 700 millones de dólares que Cuba compra anualmente en los Estados Unidos y defender la “soberanía” de Cuba es como tratar de restaurar la virginidad a una dama cuyos atractivos fueron negociados en múltiples ocasiones como moneda de cambio. Utilizada para garantizar protección y obtener prebendas primero de Moscú y después de Caracas. Unicamente unos mentirosos consuetudinarios, consumados e incorregibles como la gentuza que gobierna en Cuba se atreverían a bautizar esta farsa con este nombre.
En cuanto al gentilicio de los participantes afirmamos categóricamente que no son cubanos. Los que están en Cuba porque la represión y el odio desatados contra sus propios hermanos los ha despojado del derecho a llamarse cubanos. Los que viajaron desde el exterior porque quienes hacen causa común con los verdugos de su propio pueblo pierden todos sus derechos, comenzando por el de identificarse como cubanos.
La esencia y la naturaleza de estos miserables la encontramos en un vocablo que nos llega desde la antigua Grecia, donde se calificaba de apátridas a quienes ya fuera por castigo o por su propia conducta ingresaban en las filas de los hombres sin patria. La lista de quienes se han prestado a esta ignominia debe ser exhibida en un Salón de la Infamia del museo donde en un futuro sean mostrados los crímenes perpetrados por la tiranía en este medio siglo de barbarie y dolor.
Este sería el mejor antídoto para inocular nuestra democracia futura contra la prepotencia de los tiranos y las argucias de los demagogos. Y para mayor seguridad, sería una gran medida erradicar la palabra “revolución” de nuestro diccionario político y eliminar el tamaño de los genitales como calificación para acceder al poder.
Y cuando entramos en este tema tan sensible e intenso de la patria, que llega al nivel de dolor en el corazón del exiliado, nuestra imaginación recorre experiencias y lecturas que nos han impactado en el camino ya largo de nuestra existencia. Asistimos de nuevo al lecho de muerte de compatriotas como Angel Aparicio Laurencio, Augusto Maxwell y Sila Cuervo Castillo cuyo mayor sufrimiento a la hora del “hasta luego” no era la dolencia por la cual fallecían sino el hecho de no haber podido ser testigos de la libertad de la patria.
Nos vamos entonces a la Venezuela de los buenos donde un Andrés Eloy Blanco decía ante el congreso de su país: “Si la madre da pañal la patria da bandera”. Nos detenemos frente al Niágara donde la lira de nuestro José María Heredia se hace escuchar por encima del torrente avasallador cuando dice: “¡Oh las palmas, las palmas de mi patria!”. Y entramos en el puerto de La Habana del brazo de nuestro compatriota y coterráneo Bonifacio Byrne cuando se refiere a nuestra bandera diciendo: “Orgullosa lució en la pelea/sin pueril ni romántico alarde/y al cubano que en ella no crea/se le debe azotar por cobarde.” ¡Que justicia tan ejemplar habría aplicado Bonifacio Byrne a estos alabarderos de la tiranía!
Pero dejemos que sea el más patriota de nuestros patriotas quien imponga sentencia a estos apóstatas. En este aniversario de su natalicio José Martí les habría dicho: “A la mesa del castigador no puede sentarse con honra, sino sin honra, ningún hermano del castigado”. Si contamos los muertos, presos y exiliados los castigados alcanza cifras millonarias en este medio siglo. En el momento de escribir estas líneas nos llegan informes desde Cuba del recrudecimiento de la represión y de los centenares de presos que, junto a sus familiares, son una llaga grotesca y sangrante en el corazón de la patria.
Tan repulsiva es la conducta de estos reptiles sin honor ni patria que el romántico sublime de “La Niña de Guatemala” y el padre amoroso de “Ismaelillo” los habría crucificado con el lenguaje que reservaba para los traidores. El mártir de Dos Ríos les habría dicho: “Mientras un pueblo no tenga conquistados sus derechos, el hijo suyo que pisa en son de fiesta la casa de los que se lo conculcan, es enemigo de su pueblo”. Ante ese pueblo responderán un día por sus fechorías quienes a la hora del sacrificio optaron por el oportunismo y prolongaron la noche de la tiranía.
Miami, 28 de enero del 2010.
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BARQUIN: EL CIUDADANO SOLDADO
Por Alfredo M. Cepero .
El Coronel Ramón Barquín y López falleció el año pasado en su patria adoptiva de Puerto Rico pero nunca dejó de amar y servir a su añorada Cuba. Y aún desde la tumba la sigue sirviendo a través de su libro “Mis Diálogos con Fidel, Raúl, Camilo y el Che”. Una narración analítica y certera sobre la forma de pensar y actuar de los principales actores de la tragedia de medio siglo que ha devastado física y moralmente a la nación cubana. El libro puede ser adquirido en la Librería Universal, en Miami, o a través de Amazon.com .
Conocí a Ramón Barquín a principios de 1961 en Miami cuando el coronel se desempeñaba como jefe militar del Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP) que dirigía el Ingeniero Manolo Ray. La organización mantenía un campo de entrenamiento militar en el pueblo de Naranja, cerca de Homestead, en la Florida y allá fuimos a parar Luís Posada y yo que, a la sazón, compartíamos un cuartucho en el desaparecido Hotel Columbia de la ciudad de Miami.
En el campamento nos congregamos un abigarrado destacamento de abogados como Jorge Beruff y Sila Cuervo, militares rebeldes como Pepe Perez Alamo y Pepe El Toro, estudiantes como Augusto Maxwell y Ramón Barquín hijo, y campesinos como “El Guajiro Hilario”, de quién nunca llegue a saber el apellido. Así fue como, unidos por el amor a Cuba y por nuestro propósito de contribuir a su libertad, nos integramos mas tarde a la Brigada 2506.
Desde un principio Barquín me inspiró simpatía, confianza y respeto. Su hablar pausado, ademanes modestos y habilidad para escuchar a los demás lo sacaban completamente del estereotipo generalizado sobre los militares. Parecía más bien un diplomático que un militar. No en balde su carrera dio un giro inesperado y lo sacó del cuartel para llevarlo a lo más altos niveles de la diplomacia como Agregado Militar de Cuba en Washington y como Vice-director del Estado Mayor Conjunto de la Junta Interamericana de Defensa, durante el gobierno de Carlos Prío Socarras.
Cuando se produjo el fatídico golpe de estado del 10 de marzo Barquín se encontraba en Washington y se propuso renunciar a su cargo pero fue convencido por sus amigos de que, dentro del ejército, podría ser más útil a la restauración de la democracia en Cuba. En esa labor fue descubierto el 3 de abril de 1956 en un intento de derrocar la dictadura de Fulgencio Batista que pasó a nuestra historia con el nombre de “Conspiración de los Puros”. Y puros, dignos y patrióticos fueron los esfuerzos de Barquín y una docena de oficiales que se le sumaron a lo que bien podríamos considerar como una versión adelantada de los acontecimientos que tuvieron lugar recientemente en Honduras. El caso insólito en nuestro continente de militares arriesgando la vida no para llenar sus bolsillos sino para servir a su pueblo.
En el curso de su organización de la asonada militar Barquín y sus compañeros suscribieron un documento que pudo haber sido escrito por patriotas de la estatura moral de Carlos Manuel de Céspedes o Ignacio Agramonte. Después de estipular que su objetivo era formar un gobierno integrado por personalidades civiles y convocar a elecciones en el breve plazo de seis meses, los complotados se comprometieron a no aspirar a posiciones electivas y a presentar la renuncia de sus cargos en las fuerzas armadas. Para desgracia del pueblo cubano la conspiración fue delatada por uno de los participantes y los “puros” fueron a dar a las celdas inmundas de la Cárcel de Isla de Pinos donde cumplieron dos años y medio de privación de libertad.
Avanzada la tarde del primero de enero, después de la fuga del dictador, Barquín se presentó en el Campamento Militar de Columbia con el objetivo de mantener el orden y prevenir baños de sangre. Sus palabras recriminatorias al General Eulogio Cantillo merecen ser citadas: “Entiendo que ustedes, los coroneles y generales, tenían que haber derrotado a los guerrilleros fidelistas en nombre del gobierno dictatorial que sostenían, o haber derrocado al dictador en nombre del pueblo que se lo pedía; pero, desgraciadamente no hicieron ni lo uno ni lo otro, sino lo peor: proteger la fuga de Batista”
En ese mismo momento, el dictador sucesor, todavía en Santiago de Cuba, ignoraba las llamadas de Barquín desde la Habana para coordinar las actividades encaminadas a una transición sin violencia. Castro, como sabemos, estaba mas interesado en la consolidación de su poder absoluto que en la paz para el pueblo de Cuba. Por el contrario, declara una huelga general y manda a toda velocidad a Camilo y al Che a tomar Columbia y la Cabaña respectivamente. Ante el hecho consumado, de un Tribunal Supremo que había reconocido a Urrutia como Presidente, la euforia de un pueblo enamorado del “ídolo” y la posibilidad de más derramamientos de sangre, Barquín entrega el mando a Camilo quien había sido nombrado Jefe del Ejército por el nuevo presidente de Cuba.
A partir de ese momento, se inician una serie de entrevistas y conversaciones de Barquín con los personajes que aparecen en el título de su libro. Aunque siempre se negó a caer en la trampa de ser nombrado Ministro de Defensa, Barquín puso sus conocimientos al servicio de los líderes de la revolución, principalmente Camilo, en los primeros meses del proceso revolucionario. Sin dudas, con la esperanza de amortiguar el impacto sobre el pueblo de Cuba de la ignorancia, la improvisación y la maldad de los nuevos sátrapas.
Y cuando fue obligado a optar entre aceptar una cartera en el gabinete o salir de Cuba Barquín aceptó un cargo diplomático con objeto de sumarse a los esfuerzos que ya se realizaban en el exterior para liberar a Cuba de su nueva dictadura. Sin dudas tenía presente un encuentro con Fidel donde el tirano le dijo: “Con usted hay que tener mucho cuidado, porque lo van a tratar de utilizar de cabeza de la contrarrevolución”. Sus relaciones con estos delincuentes pueden ser sintetizadas diciendo que mostró cautela ante Fidel, recelo ante Raúl, desprecio hacia Guevara y una cierta simpatía hacia Camilo, a quien Barquín consideró una víctima de su ignorancia y de su admiración por Fidel Castro.
Todavía desde su tumba este cubano ejemplar nos muestra el camino hacia la creación de una nación donde cada ciudadano asuma la responsabilidad de defender la democracia sin las muletas de falsos líderes. En este sentido, nos dice: “La historia no absolverá a Fidel, pero tenemos que ver como construimos una Cuba nueva donde nunca pueda volver a surgir otro Fidel”. Y describe el papel del ejercito en una democracia diciendo: “Sigo siendo un fervoroso creyente en que las Fuerzas Armadas de una nación tienen que responder y ser obedientes al poder civil que es representativo de la voluntad popular”.
Los méritos y la capacidad del Coronel Barquín como militar quedan demostrados por una trayectoria que comenzó como soldado y ascendió a cabo, sargento y oficial por estudios y méritos propios. Pero por muchos que estos sean, las cualidades morales y cívicas de Ramón Barquín son muy superiores y hacen del militar un ciudadano soldado. Un ciudadano que obedece la constitución, defiende el estado de derechos y pone sus armas al servicio de la democracia. En fin, un ejemplo para enseñarle a nuestras futuras generaciones de militares cubanos que, como dije hace algún tiempo en uno de mis versos, “Hace falta soldados/en la mano el fusil/ y en la mente el concepto de respecto al civil/ hace falta el concepto de ser buen ciudadano/el respeto a la ley y a su guarda el soldado”.
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