[Listavoz] Sin Patria pero Sin Miedo. Cuba y su destino

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Mon Oct 5 20:49:14 EDT 2009


  
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SIN PATRIA PERO SIN MIEDO
Por Alfredo M. Cepero .
 
Santiago Alvarez Fernández es un hombre apasionado, vehemente, amigo de sus amigos y soldado sin miedo de la lucha contra el comunismo y por la libertad de Cuba. Con sólo 19 años formó parte de la Brigada 2506 y mas tarde prestó servicios en el Ejercito Norteamericano. En su vida empresarial ha logrado éxitos que lo convierten en la personificación del llamado “sueño americano”. En su conducta ciudadana ha hecho despliegues de filantropía como su ayuda generosa a las víctimas del Huracán Katrina. En su vida personal ha creado y encabezado una familia que disfruta del afecto y el respeto de la comunidad donde han vivido por casi cinco décadas. Con esas credenciales cualquiera diría que el Gobierno de los Estados Unidos debería estarle profundamente agradecido y exhibirlo como ejemplo de lo que puede lograr un ser humano dentro de un sistema de libertad, democracia y libre empresa. 
 
Sin embargo, en contra de toda lógica, gratitud o decencia, los Departamentos de Justicia, de Seguridad Interna y de Inmigración de los Estados Unidos han desatado una campaña de persecución rayana en el ensañamiento contra Santiago Alvarez   que ha convertido su vida y la de sus familiares en una pesadilla de cuatro años. Su prolongado cautiverio desde noviembre de 2005, ha violado no sólo sus derechos constitucionales sino los numerosos tratados internacionales de los cuales son signatarios los Estados Unidos. 
 
Como si esto fuera poco, en un intento flagrante de intimidación y de acoso psicológico, el 22 de enero de este año, el Juez de Inmigración, William Cassidy, emitió una orden de deportación contra Santiago Alvarez donde no se excluía su deportación a Cuba. Una orden de deportación que, dicho sea de paso, fue emitida después que el recluso ha cumplido en su totalidad sus condenas por conspiración para poseer armas de fuego, septiembre de 2006, y por obstrucción de justicia al negarse a prestar declaración ante un gran jurado en noviembre de 2007. Una orden de deportación que fue emitida a pesar de las garantías implícitas y explícitas dadas a la defensa por funcionarios federales de que su representado no sería deportado.
 
 Una orden de deportación donde, en el proceso de su aplicación, el Gobierno de los Estados Unidos estaría poniendo a Santiago Alvarez a merced de un estado violador de los derechos humanos y que el propio Washington ha designado como promotor del terrorismo internacional. Donde, asimismo, tendría que violar el Artículo III de la Convención Contra la Tortura ratificada el 18 de abril de 1988 por el Congreso de los Estados Unidos y asumir la responsabilidad del trato inhumano, brutal y degradante al que someterían a Santiago Alvarez los verdugos del pueblo de Cuba. Los mismos verdugos que, en octubre de 1962, instaron a Nikita Khrushchev a desencadenar un holocausto nuclear contra los Estados Unidos. 
 
Aunque el tema es complicado, no es necesario ser un jurista para darse cuenta de que Santiago Alvarez esta siendo víctima de lo que en este país se califica como “cacería de brujas” por parte de elementos malévolos dentro del Gobierno Federal. Una cacería que, en honor a la verdad, no comenzó con el gobierno del  blandengue Barack Obama sino con el gobierno del “libertador” de Irak que no paso de promesas en la causa de la libertad de Cuba. Al mismo tiempo, y no por obvio deja de ser doloroso, ninguno de esos perros guardianes de los derechos ciudadanos como la Asociación Americana de Libertades Civiles (ACLU en inglés) ha dado siquiera un paso en la defensa de la violación de los derechos constitucionales de Santiago Alvarez . En la agenda de esa gentuza de la izquierda corrosiva y relativista no hay cabida para los soldados de la libertad y la democracia sino para los promotores del aborto, los defensores del homosexualismo, los
 enemigos de la religión y los terroristas fanáticos de Guantánamo.  
 
No debemos, por otra parte, ignorar que la política apaciguadora de Barack Obama con respeto a estados promotores del terrorismo aumenta el peligro de una deportación de Santiago Alvarez . Los síntomas son demasiado obvios para ignorarlos. Ahí esta su decisión de retirar los proyectiles y escudos protectores que desde Polonia y la República Checa apuntaban a la Rusia de nuevos bríos militaristas, su política de relajamiento de las remesas, la promoción del concierto de Juanes por la sinuosa e inescrutable Secretaria de Estado y la exclusión de la oposición interna en una recepción reciente de la Sección de Intereses. 
 
A aquellos incrédulos o contemporizadores que se apresuren a calificarnos de alarmistas, les recordamos la traición de Girón, la cobardía de la Crisis de Octubre de 1962 y la infamia de Elian González. En este último caso, es altamente significativo que el actual asesor latinoamericano del Presidente Obama es nada más y nada menos que Gregory Craig, el abogado del padre de Elian, Juan Miguel Gonzalez. Y a mayor abundamiento, el actual Fiscal General, Eric Holder, fue el hombre que dio la orden de invadir con fuerza brutal y destructiva la humilde vivienda donde dormía el niño.
 
El verdadero exilio cubano, ese que no vino a buscar “jama” sino a respirar libertad y que no tiene miedo que le llamen terrorista, tiene que mantenerse en guardia para defender a ese patriota integral que es Santiago Alvarez . Nos estamos muriendo de inercia, de abulia y de vejez. Estamos demasiado dispuestos a aceptar las excusas que nos ofrecen quienes nos piden el voto pero argumentan  que la separación de poderes les impide reclamar justicia para Santiago Alvarez . Mientras tanto los dinosaurios de La Habana se preparan para convertir la satrapía de cincuenta años en la dinastía infinita de los Castro. Si no queremos sufrir la triste e indigna muerte del exiliado tenemos que definir posiciones y luchar en todos los frentes y con todos los medios. Empecemos por demandar la libertad inmediata de Santiago Alvarez . Es lo menos que podemos hacer por ese patriota sin patria pero sin miedo.      Miami, Florida, 4 de octubre de 2009.
 
 
Cuba y su destino. Por el Rev. Martín N. Añorga


      Después de más de 50 años de tiranía comunista para muchos parecerá iluso que a nuestra edad nos dediquemos a hablar sobre el futuro de Cuba. El hecho es que cuando hablamos de Cuba ya no se trata de nuestro propio futuro, sino del que le corresponderá a más de 12 millones de compatriotas que viven ahogados en un presente opresivo y depauperado. 

      Los que hoy ostentan en la Isla el poder omnímodo afirman que en Cuba jamás habrá cambio de sistema y que el comunismo llegó para quedarse permanentemente. Para estos atrofiados líderes el futuro es una puerta cerrada. Veredicto al que lamentablemente muchos se han resignado. Pero para los que todavía mantienen vivo el amor por la patria, y no se someten a claudicaciones, el futuro sigue siendo una puerta abierta por la que va a entrarse con la frente en alto, el corazón enardecido y las manos dispuestas a la obra. 

      Los neo marxistas del hemisferio sudamericano de nuestros días, han adoptado a Cuba como un ejemplo a seguir, y en cada uno de los casos la característica común es la de la permanencia indefinida de los gobernantes en sus dorados tronos. Este es el caso de Manuel Zelaya, algo que no quieren entender los que se autotitulan defensores de la democracia. Castro ostenta el maléfico récord de haber permanecido como dictador inapelable por 5 insufribles décadas. 

      Chávez, discípulo fiel, ha anunciado desafiantemente que será el presidente vitalicio de Venezuela. En Bolivia, Evo Morales; en Ecuador, Rafael Correa, y Daniel Ortega en Nicaragua, han amañado siniestras reformas constitucionales para permanecer en el poder por tiempo indefinido. Esa maliciosa estrategia le fue interceptada al ridículo ex mandatario Manuel Zelaya. Por aquello de que este “mal ejemplo” hay que pulverizarlo, los marxistas de nuevo sello están haciendo lo imposible por reinstalarlo en su inmerecida posición. 

      Para todos estos gobernantes el asalto al poder implica el secuestro del futuro. Pretenden la instalación de un sistema permanente con apego al gobierno sin términos de tiempo. Se trata de imponer el rigor de las cadenas a pueblos a los que se les roba la esperanza. 

      Últimamente, debido al deterioro evidente del octogenario tirano de Cuba y a la desacreditada cúpula de los que en la Isla mandan, han surgido esperanzas de que se acercan cambios fundamentales que darán al traste con el actual sistema sociopolítico. Contrarios a esta posibilidad, que les parece remota, hay muchos que se aferran a la negativa idea del continuismo, y se pliegan al sistema con el fatalismo de creer que el mismo es un hecho irremediable. 

      Creo, sin embargo, que los que nos hemos casado con la libertad, tenemos que desechar, por sumiso y derrotista, ese pensamiento. Sabemos que los procesos de la historia son lentos y desesperantes; pero siempre abiertos a cambios. La opción del cambio no puede jamás perderse de vista cuando pensamos en Cuba. Ahora bien, para que el cambio se produzca hace falta un detonante, y el mismo tiene que ser una fusión de elementos, el de la rebeldía en la Isla y el solidario y dedicado apoyo militante del exilio. 

      En Cuba se está practicando una frágil sucesión de poderes, anacrónica y forzada; pero que no alcanza la estructura del sistema establecido. Cuando el tirano Castro le cedió su silla al hermano irresponsable y alcoholizado expuso al mundo la naturaleza monárquica de su régimen y el irrespeto que siente por las normas y las leyes. En la nomenclatura del poder en Cuba la sucesión es el castrismo sin Castro, el mismo régimen con otra careta, quizás sujeto a superficiales arreglos cosméticos; pero con las mismas entrañas manchadas de perfidia. 

      La sucesión es cambiar de asiento sin cambiarle la ruta al autobús. De hecho es lo que se está planeando en Cuba. No han cambiado ni la nave ni la tripulación, no han reorientado la brújula ni han reconsiderado la ruta; pero quieren hacernos creer que cambiarían de piloto. Sucesión es sinónimo de continuismo. Nadie en su justo sentido puede creer que detrás de los hermanos Castro pueda venir alguien, dominado por la misma ideología vigente en la Isla, a ensayar cambios.Esa peregrina idea la repudiamos, pues la permanencia del comunismo en Cuba, en cualquiera forma que adopte, es una afrenta a nuestro decoro y una humillación a nuestros empeños legítimos de reconquista y libertad. 

      En cuanto a la llamada transición, una perspectiva para el futuro de Cuba que algunos apuntan, es necesario no ocultar el hecho de que toda transición se produce con cierta dosis de anuencia de los que están inclinados a conceder parte de sus espacios, y éste no es el caso de Cuba. Ni continuismo ni transición son soluciones, porque ambas implican una fuerte presencia de pacifismo, y los comunistas solo se doblegan ante una fuerza superior a ellos. 

      Hay, sin embargo, numerosas personas que creen que la transición ha comenzado en Cuba, noción de la que yo disiento. ¿Transición auspiciada y operada por los mismos que se horrorizan ante la idea del cambio? Los que consideran una transición el hecho de que Cuba se oriente hacia la esfera de influencia de China o hacia el sistema monolítico de Corea del Norte, o que se desentienda paulatinamente de la ofensiva chavista, no se dan cuenta de que cambiar de amo no hace libre al esclavo. 

      La anulación de la tragedia cubana tiene que ser producto de un violento cambio de estructura en la esfera del poder. Nunca podrá ser logrado esto por medio de negociaciones con los que desde el poder evaden cualquier riesgo a toda costa. Hay quienes confían en que la polifacética disidencia en la Isla está lista para echarse sobre sus hombros la tarea de la transformación; pero perdemos de vista que por “las buenas” no se tritura la autoridad omnímoda de los que desgobiernan. Para llegar a la transición es necesario pasar por la confrontación.  SaludosClemente 

      Están los que creen que entre los que hoy día tienen acceso al poder en Cuba hay individuos que sustentan reservas y anidan contrariedades, por lo que eventualmente crearían las condiciones para que el poder se convierta en fuente de cambios, quizás paulatinos; pero eventualmente firmes y sustanciales. Yo quisiera disponer de una ración de ese optimismo; pero la fuerza del pasado me ha hecho entrar en el pragmatismo del presente. No creo que en Cuba estén dadas las circunstancias para que se produzca lo mismo que sucedió en el bloque soviético. 

      Para el destino de mi Patria no quiero una humillante sucesión ni una transición cosmética, ni me adhiero a la resignación y al conformismo de creer que todo está perdido. Para Cuba queda la bendita opción del cambio total y radical, y con esta opción tenemos que comprometernos, con la espada desenvainada, al ineludible deber de la confrontación heroica y cohesiva. 

      A lo largo de las últimas semanas se han desatado en la Casa Blanca tendencias de convivencia pacífica con Cuba, proyecto que no ha avanzado por dos razones fundamentales: la negación de Cuba a suavizar el totalitarismo y a sus exigencias ridículas que pretende imponer a priori. 

      La verdadera transición no se compra, ni se negocia, ni se espera. Los que aún soñamos con una Cuba Libre debemos tener en cuenta que el cambio está en aquellos que estén dispuestos a emprender el sacrificio para producirlo. 

      Ni continuismo, sucesión o transición manipulada. Para Cuba, la libertad total y definitiva: ¡esa es la meta, y sin alternativas! 
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