[Listavoz] DEMAGOGIA Y CONSECUENCIAS. Por Hugo J. Byrne

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Wed Aug 19 20:17:39 EDT 2009



 




DEMAGOGIA Y CONSECUENCIAS
Por Hugo J. Byrne
 
Dice un refrán castellano que “para decir mentiras y comer pescado hay que tener cuidado”.  Aunque nunca somos ciento por ciento veraces en todo cuanto hacemos o decimos (de lo contrario no existiría “inteligencia” ni “contrainteligencia” efectiva), es muy evidente que ajustarse a la verdad es en general más saludable en política y en otras muchas actividades sociales que mentir o disimular.  Sin embargo, el disimulo y la mentira se tornan especialmente peligrosos cuando se jura en vano ante jueces competentes, cuando se miente en declaraciones públicas, o cuando se narran eventos que todos reconocemos como absolutamente absurdos o fantásticos.
 
En tiempos recientes hemos sido testigos de evidentes mentiras oficiales.   Recuerdo bien el falso incidente narrado por la entonces senadora por New York y candidata presidencial Hillary Clinton, hoy Secretaria de Estado.  Clinton se refirió en un discurso de esa campaña a un aterrizaje en Bosnia durante la administración de su esposo, “que se tornara arriesgado cuando francotiradores serbios concentraran fuego sobre la pista, forzando a su comitiva a correr encorvada”.
 
A las pocas horas, la exhibición de un video del mismo aterrizaje mostraba a la Primera Dama totalmente relajada, sonriente y rodeada de su comitiva y autoridades locales en Bosnia, mientras aceptaba flores que le regalaban escolares de primaria.  La única vez que Clinton se encorvó fue para recibir las flores.  
 
Todas las excusas que pudieron componer su esposo y los estrategas de su campaña fracasaron en convencer al público que se trataba de una confusión inocente.  Todo el incidente fue inventado.  Lo que es aún peor, el embuste era innecesario.
 
Por su parte el Presidente Obama continúa jurando que no tiene interés alguno en perjudicar a los negocios de seguros médicos con su programa estatal de “reforma” a los servicios de salud.  Obama no es tonto pero desprecia la inteligencia popular.  
 
Aunque tiene bien amaestrados a sus incondicionales en los medios de difusión (o comprados, como indica el escándalo Obama-General Electric-NBC), el presidente no puede ignorar que otros videos que explican sus posiciones políticas en 2007 lo muestran admitiendo que sus planes incluyen específicamente la extinción de los seguros privados de salud.  Estos videos son presentados en una sola estación, pero sucede que es la número uno en teleaudiencia por cable.
 
Además, existe algo llamado sentido común.  El resultado de crecientes pleitos civiles frívolos y multimillonarios ha subido en progresión geométrica las primas de los seguros médicos y de salud. Abogados como John Edwards se convierten artificialmente en ricachones de la noche a la mañana mientras el “Bar Association” culpa al mercado libre por el alto costo de los seguros. ¿A quién creen engañar? Mientras tanto la administración del abogado Obama (graduado de Harvard) rehusa contemplar una reforma a los litigios civiles, sin la cual cualquier “reforma de salud” no pasaría de ser una broma de mal gusto.  
 
Cuando un inversionista se vea en la disyuntiva forzada de escoger entre un costoso seguro privado para sus empleados y una insignificante multa federal, ¿quién en su sano juicio duda cuál sería su decisión?  ¿Quién puede ya dudar que la llamada “opción pública” es sólo una frase código para imponer un régimen federal burocrático de racionamiento de salud a expensas de la libertad individual?  
 
Las demonizadas compañías de seguros desaparecerían sin remedio con el “Obamacare”.  ¿Para qué serviría entonces tener “el derecho a optar” por algo inexistente?  No es gran sorpresa que el índice de aprobación del Presidente Obama esté en barrena desenfrenada.  De un envidiable promedio de 66% hace sólo cuatro meses, Obama ha descendido al 53% (-13%) en todas las encuestas serias. No sé si su confianza pública seguirá decayendo, pero hoy por hoy desciende a la velocidad de caja fuerte cayendo de la torre del Empire State Building. En toda sociedad libre la demagogia produce desconfianza más tarde o más temprano.
 
Al sur del Hemisferio, todos los records de embustes han sido rotos por el llanero antropomorfo de Caracas, quien continúa realizando toda clase de piruetas, pantomimas y monerías desde su tribuna, al mismo tiempo que hace trizas de muchas canciones populares.  Aunque este infame payaso de circo de tercera categoría haya confundido su verdadera vocación, reconozco que algunas veces hace cosas adecuadas.  Tales como la humillación con la que junto a su otro títere Rafael Correa sometiera recientemente al Hermanísimo Raulito.  El tirano substituto fue forzado a berrear ante el público de Quito con su desafinada voz aguardentosa.  En una variación del viejo refrán español, el embarazoso debut del Hermanísimo podría definirse como “por petróleo rebuzna el asno”.  Nunca soñé que tuviera oportunidad de escribir algo positivo de Fifo, pero no abrigo la menor duda de que inclusive durante los tiempos más ingratos del desplome de sus
 promotores soviéticos, el asesino de Birán jamás se habría rebajado a semejante humillación personal. Sin embargo, la característica más impresionante de Chávez es ser un mentiroso consuetudinario, quien ahora descaradamente acusa a quienes considera sus enemigos de responsabilidad por las fechorías que él comete.  Resulta que ahora, de acuerdo a lo que afirma, es él quien combate el tráfico de drogas. Acusa indignado al “Imperio Yankee” de dirigirlo. ¿Existe alguien enterado y cuerdo que le preste atención?  ¿Fuera de la escoria corrupta e ignorante que lo sigue, ¿quién puede tomar en serio a este mico?
 
Las artes son usadas para avanzar causas políticas, a menudo con la participación de los artistas en la propaganda.  Sin embargo, cuando el arte se matiza, se prostituye.  Deja de ser arte.  Cuando se usa para propaganda totalitaria como lo hacía Eva Perón, o en el anunciado concierto del cantante Juanes en La Habana, es conveniente disfrazarlo de neutral.  
 
Juanes es un cantante popular y rico.  Juanes vive a todo lujo en un palacio de Key Biscaine, Florida, pero es también un notorio izquierdista, quien ha lucrado con los castristas en España y con sus corporaciones como el “Havana Club”.  Al describir su concierto como “blanco”, Juanes miente.  Juanes y sus promotores son mentirosos y demagogos.   Su principal promotor en este concierto, Amaury Pérez, es un privilegiado del sistema, hijo de una pareja de faranduleros quienes se identificaran con el régimen y todos sus crímenes desde su inicio.  
 
 
 
 
 
                      



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